«Me llamo Berta, tengo 50 años y durante 46 viví pensando que era una persona ‘normal’. Hoy, echando la vista atrás, todas las piezas del puzle que antes no comprendía encajan perfectamente.
Mi vida cambió un viernes cualquiera, en plena vorágine laboral como directora de fábrica. Intenté ocultar mi malestar por no parecer vulnerable, pero el destino tenía otros planes. Tras un diagnóstico inicial errado de cefalea, fue la insistencia de mi hermana y un detalle técnico —la diferencia de tensión entre mis brazos— lo que me salvó la vida. Aquella fue mi primera disección de aorta.
En aquel momento, quise creer que el estrés era el único culpable. Intenté ganarle el pulso a la realidad volviendo a trabajar al mes, ignorando los consejos médicos. Fue en el Hospital La Fe de Valencia donde Diana, tras el estudio genético, me puso frente al espejo: mi mutación es de novo. Ella me dijo algo que cambió mi perspectiva: ‘Nacemos con unas cartas y tenemos que jugar el juego de la vida lo mejor que podamos con las que nos han tocado’.
El universo tuvo que enviarme una segunda disección dos años después para que finalmente recibiera el mensaje. Mi vida ha dado un giro radical. No quiero caer en mensajes vacíos; vivir con dolor y efectos secundarios no es fácil, pero el crecimiento personal que ha traído el diagnóstico es innegable. He aprendido que la vulnerabilidad no es debilidad, sino la mayor muestra de honestidad con una misma.»